Paisajes de lo Etéreo

María construía sus sueños con su pequeña nieta todas las tardes. Era elegir el color ideal para comenzar la historia...

Esta exposición nos introduce a una conexión con la memoria emotiva, la artista rinde homenaje a su abuela María aquella que creó un mundo fantástico en la niñez con su nieta. A partir de esta recuperación los recuerdos que los afectos familiares fueron creando en nosotros en la infancia van a ser la fuente de inspiración para la construcción de las obras de arte donde la belleza y lo amoroso se recrean en forma lúdica.

Los ejes conceptuales de la obra de la artista van ir trazando cartografías de sentido: la memoria emotiva, lo femenino, los vínculos y los paisajes de lo etéreo Lo femenino en estas obras aparece recordándonos que relaciones tenemos con los linajes, lo genuino de la herencia familiar.

Las obras van desplegándose desde un maniquí antiguo donde los cuerpos de las mujeres de la familia fueron dibujados uno por uno con su nombre propio. Allí se jugaron los encajes, las texturas, las estampas de los cuerpos imaginarios.

Las carretes de hilos de colores, las telas, un universo táctil y blanco se despliega en colecciones de botones y colores trazados en pantones infinitos.

Los vínculos se vuelven a coser en cada puntada, creando mapas, un conocimiento transgeneracional, trayectorias, historias de vida que van entrelazando la historia familiar y los objetos . La artista crea una narrativa nueva y floreciente dando valor a lo importante que es acompañar y maternar a los pequeños creando su estructura subjetiva .

Artistas como Rebecca Horn, Annette Messager, Kiki Smith, Louise Bourgueois, Liliana Porter, escritoras como Silvina Ocampo, Clarice Lispector entre otras son alegorías de la Historia del Arte en la obra de Mariela Villar.

Luego aparecen en el relato de manera delicada y panorámica la serie de obras que componen el Paisaje de lo Etéreo. Esta serie de imágenes bordadas crean un horizonte especial, integrando en esta muestra diferentes búsquedas estéticas de la artista, su mirada arquitectónica, la naturaleza, una paleta donde la luz es casi blanca creando una atmósfera refinada e inmaterial.

La obra de la artista nos invita a jugar, a homenajear a nuestras abuelas a conmovernos nuevamente con nuestros recuerdos donde en esa dulce luz de las tardes, los hilos de seda y los botones de nacar se entrelazaban acompañando las manos queridas.

Fabiana Barreda, 2026




Hace años que trabajo en fotografía, desde analógica hasta digital; y hace años que esos trabajos refieren a temáticas y miradas constantes. La geometría, el espacio, la naturaleza y la abstracción. Mi mirada geometriza automáticamente, el espacio es entendido como escenario para muchas historias y relatos, la naturaleza se convierte en abstracción, en líneas y formas y a su vez es orgánica con lo que se transforma en materia sensible y humana.

Por otro lado y a lo largo del tiempo; esos ejes fueron trabajadas con todas sus capas y significancias más allá de la imagen directa que la obra ofrece. Pero como en la vida uno tiene muchas vidas; en un momento me transformé en observador, miré atrás y comprendí que necesitaba intervenir desde el presente todo ese desarrollo que estaba haciendo, como manera de poder comprender yo misma de qué se trataba y a su vez poder darle otra lectura, un cierre sensible y concreto.

También sentí una gran necesidad de poder integrar las diferentes etapas de mi vida y sus conexiones entre sí. Porqué el hilo, el bordado? Hay muchas razones y a su vez creo que fue una decisión inconsciente al comienzo, no fue pensado, pero la verdad es que el hilo cose, une las diferentes capas y a su vez señala algo que uno quiere decir. Por otro lado el hilo lo hace sensible, la textura lo hace mucho más humano en cuanto a la experiencia que genera la obra y me lleva atrás. Al comienzo, a mi abuela modista, a mi infancia haciendo tarea mientras ella hilvanaba algún trabajo, a mis pasatiempos bordando paisajes, a mi adolescencia haciéndome la ropa con mis amigas y a cerrar esa etapa en que la fotografía comenzó a ser una manera de expresión más allá de mi profesión.

Por otro lado, el bordado, la intervención de la obra la hace única, ya no puede reproducirse y ser una de cinco, una de diez. Se resignifica y pasa a ser una obra única, cambia su estamento.

En esa búsqueda, y siguiendo la necesidad de poder trabajar sobre lo que realmente me motivaba y que fue el rol y todo lo que me dejó la figura de mi abuela, emprendí un viaje en búsqueda de nuevos proyectos que comprendian la fusión de todos esos elementos que a su vez trabajaba en mi obra fotográfica.

Las sensaciones, la geometría, la textura, las ciudades, la arquitectura. Estaban todas esas cosas relacionadas con su quehacer. La costura, las telas, los objetos, los olores. Así comencé a trabajar en gofrados con objetos dejados por ella y que me hacían revivir y sentir que tenía cerca esa historia.

Luego fui en busca de los orígenes emprendí un viaje para poder conocer y sentir de dónde venía todo eso y ahí salió una especie de diario que a su vez conecta todo el trabajo.

Mariela Villar







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